lunes, 1 de octubre de 2012

Nadie nos enseña a estar solos

Entré y no pude ver nada, las luces estaban completamente apagadas en plena oscuridad de la madrugada, dí unos pasos y sentí que corría agua por el piso, prendí toda la iluminación del interior, súbitamente parecía que el sol se había instalado en mi casa. La ventana había permanecido abierta todo el fin de semana y las lluvias torrenciales provocaron la ligera inundación. Fue ahí cuando me percaté que me había quedado sola, sin una nota de despedida de por medio.

Hay cosas con las que me cuesta lidiar, la soledad es una de ella. Y es que nadie nos enseña estar solos... Tal vez por ello, por más que me mantenga ocupada todo el día, al cruzar el umbral de mi puerta el sórdido sonido del silencio me acicalan, o quizás es el encontrar todo exactamente como lo dejaste, como una fotografía a la cual solo le cambia el matiz y el brillo.

Irónico que repercuta emocionalmente en mí la falta de compañía, cuando no soy precisamente de las personas que llega del trabajo con la intención de platicar las generalidades del día, suelo pasar de largo a mi cuarto, prender la tele, la lap y sumergirme en un mundo que me arrulla hasta dormir.

Ahora trataré de disfrutar de mi misma; saldré de mi cueva, aprovecharé para leer en voz alta, escuchar música a todo volumen, incursionar en la cocina (un terreno inhóspito); re-decoraré a mi gusto. Por las noches me sentaré a cenar en el comedor, no en la cama. Haré y desharé y aun así, mantendré todo inmaculado como siempre me ha gustado.

De cosas difíciles de afrontar y seguir adelante, este año va que pinta para encabezar la lista…

1 comentario:

  1. Que hermoso texto Romina! Hace un par de años viví algo parecido y encontré un refugio igual que tú.. sólo que el mío lo hallé en la fotografía.

    Te adjunto el link y te abrazo! Elizabeth.

    http://www.elizabethandriopulos.blogspot.mx/

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