Entré
y no pude ver nada, las luces estaban completamente apagadas en plena oscuridad
de la madrugada, dí unos pasos y sentí que corría agua por el piso, prendí toda la iluminación del interior, súbitamente parecía que el sol se había instalado en mi
casa. La ventana había permanecido abierta todo el fin de semana y las lluvias
torrenciales provocaron la ligera inundación. Fue ahí cuando me percaté que me
había quedado sola, sin una nota de despedida de por medio.
Hay
cosas con las que me cuesta lidiar, la soledad es una de ella. Y es que nadie
nos enseña estar solos... Tal vez por ello, por más que me mantenga ocupada
todo el día, al cruzar el umbral de mi puerta el sórdido sonido del silencio me
acicalan, o quizás es el encontrar todo exactamente como lo dejaste, como una
fotografía a la cual solo le cambia el matiz y el brillo.
Irónico
que repercuta emocionalmente en mí la falta de compañía, cuando no soy
precisamente de las personas que llega del trabajo con la intención de platicar
las generalidades del día, suelo pasar de largo a mi cuarto, prender la tele, la lap y sumergirme en un mundo que me arrulla hasta dormir.
Ahora
trataré de disfrutar de mi misma; saldré de mi cueva, aprovecharé para leer en
voz alta, escuchar música a todo volumen, incursionar en la cocina (un terreno
inhóspito); re-decoraré a mi gusto. Por las noches me sentaré a cenar en el
comedor, no en la cama. Haré y desharé y aun así, mantendré todo inmaculado
como siempre me ha gustado.
De
cosas difíciles de afrontar y seguir adelante, este año va que pinta para
encabezar la lista…
Que hermoso texto Romina! Hace un par de años viví algo parecido y encontré un refugio igual que tú.. sólo que el mío lo hallé en la fotografía.
ResponderEliminarTe adjunto el link y te abrazo! Elizabeth.
http://www.elizabethandriopulos.blogspot.mx/