Cual inequívoca reacción me
asuste al verme frente a la pared con espejo hecho trizas, había dormido casi
36 horas consecutivas y simplemente no me sentía mejor, mis manos gélidas como
esa mañana no dejaban de temblar y mi cuerpo descubierto y aletargado
simplemente no respondía. Hubiera querido seguir acurrucada pero ya era Lunes y
había que regresar a la rutina.
Durante toda la mañana solo
trataba de recordar que me había orillado a tomar doble dosis de pastillas de
la felicidad, si, esas que te hacen sentir “menos peor” y te quitan en insomnio.
Aunque esta vez además de hacerme dormir (pero no descansar) me hicieron hibernar;
mis manos aun seguían frías y temblorosas. Ni el sol, el agua fría, el café o
las bebidas altas en cafeína podían sacarme de ese estado sumamente abrumador,
y es que no poder controlar tus reacciones resulta frustrante y esta de mas
decir que la sensación de anestesia general repercute en las actividades
cotidianas, hasta manejar era un problema por sí solo.
Pero estoy aquí, frente a la
pantalla de la computadora tratando de describir todo lo acontecido pese a que
los parpados me pesen como lapidas.
Me da miedo dormir y no saber si
despertaré. Me dan miedo tantas cosas y sin embargo aquí sigo, decidida a
sobrellevar las cosas y seguir adelante.
Sé que hay decisiones malas pero
no creo que dejarte llevar por los sentimientos sea una, aunque los detractores
objetaran mi decisión. Solo sé que quiero ser feliz, bueno, ese es el objetivo
de cualquier ser humano, pero para mí representa más que eso, significa luchar
contra tantas ataduras, mi propia idiosincrasia y un futuro incierto.
Esperaba contar con mi mejor
amigo en el camino, esperaba que estuviera ahí en este momento en que estoy
decidida a seguir con las cosas que deje pendiente, esperaba tantas cosas pero
comprendo que hay circunstancias que pesan más en la balanza.
No pretendo redundar en el asunto
ni puedo obligar a nadie a estar conmigo contra su propia voluntad y si han suscitado
una serie de caóticos acontecimientos han sido por mí.
Paso por paso, me quedo con esa
frase.