Considerándome
a mi misma como agnóstica resulta aún más irrisorio que preste tanto atención a
mi signo Zodiacal, de hecho si le doy más importancia de la que debería, pero
estoy consiente que se trata únicamente de mera fantasía.
Resulta
ilógico pensar que el día de tu nacimiento influye directa y proporcionalmente
con tu personalidad, cuando en realidad
nuestra forma de ser y pensar, se forja a través de los años y dependiendo del
entorno en el que nos desarrollemos.
Soy
Escorpión con ascendente en Tauro, y como dice mi perfil astrológico; considero
que en términos generales soy bastante “apasionada, generosa, gentil, obsesiva
y dominante” Aunque no atribuyo lo anterior como resultado de haber nacido el
día 10 del mes de noviembre a las 11:00 pm, sino como derivación de muchos
factores, tales como: ser la mayor de 3 hijos, única mujer, tener unos padres bastante exigentes pero
consentidores, entre otras experiencias aprendidas a lo largo de mi vida. Por
ende, alguien más que haya nacido el mismo día y hora que yo, pero rodeado en
un entorno totalmente diferente al mío, quizás no se describa a si mismo como
una persona con dichas características.
Además
seamos realistas, muchos de los adjetivos utilizados dentro de la
representación de cada uno de los signos zodiacales son bastantes
ambiguos, citan de forma generalizada
características que todos los individuos poseemos en alguna etapa de la vida o
dependiendo de las circunstancias en las que nos encontremos.
Ergo,
tampoco creo en la suerte ni considero que alguna estrella, planeta, piedra o
color afecte mi destino. Es más, ni siquiera creo en el destino; en términos psicológicos
es sencillamente un prejuicio cognitivo.
Escorpión como analogía del animal que representa, comulgo más con esa idea.
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