Siempre
le había cuestionado a la vida porque me proveyó de un cuerpo con tantas
plagas.
Hasta
hace unos días no le había prestado tanta atención a mi salud, confiaba en que
tengo mas vidas que un gato, en mi suerte o los rezos de quienes me quieren y
piden por mí.
Entrar
a un quirófano, inyecciones, mil estudios de laboratorio y demás cuestiones que
involucraban nosocomios lejos de asustarme me entusiasmaban. Sabia que no
habría padecimiento que no hubiera de superar y que al final solo quedaría una
raya mas al tigre o una anécdota que contar.
Hasta
hace unos días decía que no hay dolor físico que mi cuerpo no pudiera resistir,
que entre más lo soportara incrementaba mis “superpoderes” y fortalecía mi
persona.
Quizás
fue en un momento de catarsis o tal vez fue el darme cuenta que quiero vivir mucho tiempo, que ponía en riesgo ser madre en unos años, que pretendo tantas cosas y
deseos por cumplir, que angustiaba a quienes me procuran y que no quiero que carguen con mis achaques; que decidí darle un giro a este estilo de vida tan despreocupado.
Que
no fue la vida la que me castigo con todo lo que me ha pasado, que fui yo quien
descuido este endeble cuerpo, que si bien las cicatrices nos recuerdan que el pasado
fue real, hay que enfocarse en el futuro y aprender de nuestros errores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario