Muy
en lo personal y contrario a los que muchos puedan pensar, comenzando con mi
propia madre, para mí la navidad carece de significado. No le encuentro un
sentido lógico a adornar un arbolito y demás parafernalia características de
estas fechas.
Sumado
al consumismo exacerbado que se observa en esta temporada, donde la gente se contagia masivamente de una alegría efímera y artificial, producto de usanzas que
desconocen su verdadera historia, dándole una connotación meramente comercial.
No
voy a negar que me gustan los regalos, ¿A quién no? Pero para mí, el único
valor representativo de las fiestas decembrinas es el hecho de convivir unos
días al año con mi familia, con mis padres y mis hermanos, a quienes comúnmente
solo veo en periodos vacacionales. La navidad me permite eso.
Hoy
me sentaré a la mesa, seguiré los usos y costumbres, brindaré por ellos y por
el amor de mi vida, por poder compartir una noche amena a lado de quienes más
quiero y aunque mi corazón estará dividido en 2 lugares, mis deseos serán los mismos
que cada día; ¡los 365 al año!. Que tengan salud y dicha en sus corazones, que
la vida me permita seguir contando con ellos por mucho tiempo más y que los
colme de satisfacciones.
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